Malas posturas, esfuerzos extra y un no parar. La salud se resiente, y mucho, cuando nos ocupamos de la casa. Te contamos cómo solucionarlo
LAS LESIONES MÁS HABITUALES
La más común:dolor de espalda y lumbago. Cargar las bolsas del súpermercado, objetos de un lado para otro a la hora de ordenar, fregar cada día el suelo, limpiar las estanterías y los cristales… Como es lógico, la espalda aquí es la que más se resiente pudiendo ocasionar problemas de lumbalgia
más graves y la necesidad de un profesional para paliarlos.
‘Rodilla de ama de casa’ o, técnicamente, bursitis de rodilla. Que ya se denomine con ese sobrenombre dice mucho de la atención que hay que poner a este punto. ¿En qué consiste? El uso excesivo y el esfuerzo de las rodillas en las labores del hogar hace que se inflamen, enrojezcan e, incluso, en el peor de los casos, pierdan movilidad.
Síndrome del túnel carpiano. También muy habitual entre la gente (sobre todo en las mujeres, ya que son tres veces más propensas que los hombres a sufrirlo) que pasa muchas horas en el ordenador, esta lesión afecta a los nervios y a los tendones de los dedos de las manos.
Epicondilitis. Igualmente y en la misma línea, en ocasiones se produce una inflamación de las muñecas, concretamente en los músculos extensores de las mismas en el epicóndelo del húmero (de ahí el nombre).
LAS POSTURAS MÁS ADECUADAS
Cuando recojamos objetos del suelo, una de las tareas diarias por antonomasia, lo fundamental es que al agacharnos, las rodillas no sobrepasen la
línea de los pies para que no se carguen. Es algo que hacemos erróneamente de manera automática, pero si te acostumbras a ello, tu salud lo notará e igualmente terminarás por hacerlo sin darte cuenta. También hay que fijarse en la espalda. Para ello, cuando bajemos, hay que intentar doblar las rodillas con la espalda recta y subir ayudándonos de las rodillas y no sobrecargando la espalda.
–Para barrer, fregar el suelo o pasar la aspiradora, lo primero es que el palo de los instrumentos sea de una altura que nos venga bien para no inclinarnos
demasiado. Las manos, entonces, entre la altura del pecho y la cadera. Por último, pegar bien la escoba o el objeto con el que estemos limpiando a los pies
para evitar doblar la espalda y que actúen los brazos fundamentalmente. Así mismo, cuando giremos, mejor hacerlo con todo el cuerpo para que no resienta la cintura.
–A la hora de utilizar el lavarropas, lo recomendable es sentarse en el suelo para meter la ropa en la lavadora y no hacerlo agachándonos, como suele
ser más habitual.
–Lavar los platos. Aunque tengamos lavavajillas, algún ‘cacharro’ hay que fregar casi a diario. Lo ideal es que el fregadero esté a la altura del ombligo y que se pueda agarrar el objeto a limpiar con la espalda recta y el brazo en un ángulo de 90º. Además, es bueno tener un reposapiés o un pequeño cajón en el que apoya uno de los pies e ir alternando con el otro con el fin de que la espalda no se cargue y nos ayudemos con las piernas.
–Cuando planchemos, la altura de la tabla es fundamental: mejor que sea alta, por el ombligo o, incluso, algo por encima.
–Al limpiar los cristales, si lo hacemos con la mano derecha, adelantar un poco el pie derecho y retrasar el izquierdo. Para ayudarte, apoya la mano izquierda sobre el marco de la ventana a la altura del hombro. Ahora ya puedes limpiar con la derecha. Si eres, zurdo, haz lo mismo pero con las extremidades contrarias.





