Hace 9 años me dejé seducir por cantos de sirena y escribí una obra a pedido del colectivo feminista. Mujeres de todas las profesiones y partidos políticos me convocaban para festejar el bicentenario y creí ingenuamente que al fin las uruguayas comprendían que el feminismo no tiene bandera política.
La obra fue pomposamente bautizada como «También hicimos Patria» y lanzada con presencia de autoridades en el mes de octubre de 2011.
En pocos meses les vi la cara. Comprobé como los dineros recaudados no aparecían y como me despreciaron por reclamar a las «compañeras «el monto de lo recaudado y la necesidad de entregar el dinero obtenido a alguna institución social.
Las organizadoras se ofendieron, me retiraron el saludo y las periodistas del grupo dejaron de convocarme a sus programas por el hecho de solicitar que aquel beneficio se hiciera efectivo.
Un par de ellas llegaron a concurrir a AGADU para averiguar si había manera de despojarme del dominio de la obra, porque a las «compañeras» no se
les pide cuentas.
Comprobé entonces que esa «fraternidad» no tenía como fin rescatar mujeres vulneradas sino acomodar al grupo y apoyar al partido de gobierno. Eran un grupo de mujeres variopinto en el que algunas bien intencionadas ni siquiera advirtieron lo que estaba pasando. Otras, habían manipulado con éxito al grupo para obtener rédito político y algunas más, guardaron silencio porque en breve pasarían a recibir cargos y asesorías con ingresos siderales.
Esa experiencia fue reveladora, el movimiento feminista nacional estaba cooptado y toda buena intención resultaba abortada ante sus integrantes.
Este 8M las vi arrojarse contra la actual vicepresidente, que justo es decirlo, ha acompañado al colectivo desde sus inicios y con la cual discrepé
acaloradamente en aquella ocasión por advertir que la causa nunca justifica los medios.
Hace años una carpeta con la investigación de este suceso duerme en el Parlamento Nacional.
Hoy Beatriz Argimón ocupa un cargo importante, es la primera mujer en llegar a la vicepresidencia y en lugar de obtener la admiración de sus viejas
compañeras de lucha, recoge insultos y ataques.
Lo que no advirtió Argimón hace 9 años es que estaba siendo manipulada por un grupo ideologizado y que, indirectamente colaboraba en legitimar a un puñado de féminas dispuestas a representarse a sí mismas.
Vuelvo a señalar que el fin nunca justifica los medios, que la corrupción es corrupción, venga de quien venga y que movimientos ideologizados solo taren
enormes grietas muy difíciles de cerrar.
Aquí la prueba:




