Un exceso de empatía puede llevarnos a mentir para evitar dañar al otro. Y demasiada sinceridad puede hacernos parecer maleducados. ¿Cómo equilibrar estos
dos elementos en nuestras relaciones?
En las sociedades actuales prima el individualismo, la competitividad y una independencia mal entendida. Debido a esto, en ocasiones asumimos que la sinceridad es la mejor política, pero nos olvidamos de las consecuencias que nuestras palabras pueden tener en los demás. ¿Cómo ser francos y empáticos
a la vez? A continuación, lo detallamos.
¿Qué es la honestidad? La honestidad es la capacidad de alinear pensamientos, palabras y acciones. De este manera, la persona expresa aquello que considera como cierto y, del mismo modo, actúa en consonancia con lo que piensa y dice. En la honestidad no hay lugar para mentiras, falsedades u ocultamientos. Ni tampoco hay espacio para palabras vacías o promesas incumplidas.
Una persona honesta es real y verdadera, y expresa esta verdad incluso si las consecuencias no le son favorables.
Se trata de un valor personal muy relacionado con la integridad y el respeto por uno mismo y por los demás.
¿Qué es la empatía? La empatía es la habilidad de ponernos en el lugar de otra persona, de modo que logramos comprender su proceso de pensamiento
para identificar las emociones que experimenta. Ser empático es ser considerado con el mundo interno y emocional del otro, hacer el ejercicio de salir de
uno mismo para adoptar la posición de quien tenemos en frente.
¿Cómo se relacionan estos valores? Aunque a simple vista parece que honestidad y empatía son dos términos con poco en común, la realidad es que su
conjunción es imprescindible en la vida diaria. Es decir, que cualquiera de ellos sin el otro, puede traer consecuencias negativas.
Por ejemplo, un exceso de empatía conlleva a mentir para evitar dañar al otro, lo que conocemos como «mentiras blancas». Esto, aunque puede evitar
conflictos a corto plazo, termina generando sentimiento de culpa y causando sensación de traición en el otro cuando la falta de honestidad es descubierta.
Pero, por otro lado, la sinceridad sin empatía tampoco resulta funcional. Ser directo y sincero sin considerar el aspecto emocional puede hacer que las
otras personas nos perciban como bruscos, maleducados o faltos de tacto.
Como consecuencia, podemos experimentar rechazo social o conflictos interpersonales.
4 CONSEJOS PARA HABLAR CON HONESTIDAD Y EMPATÍA
En definitiva, honestidad y empatía han de ir unidas si queremos mantener relaciones interpersonales saludables. Sin embargo, no siempre es sencillo aplicar
estos dos conceptos juntos; por ello, proponemos algunas claves para lograrlo.
1. Respetar
Al momento de comunicarnos con otras personas, hay que recordar que siempre debe primar el respeto. Respetar al otro implica considerarlo digno de conocer la verdad y, por tanto, ser honesto con él. Pero también supone tener en consideración sus sentimientos, pues nadie daña deliberadamente a una persona a la que respeta.
2. Trabajar la asertividad
La comunicación asertiva es imprescindible. En ocasiones, el miedo a ser rechazados o a que nuestra opinión sea mal recibida nos lleva a mentir para intentar agradar. Por lo mismo, es necesario mejorar la autoconfianza y aprender a expresarnos de manera asertiva.
Del mismo modo, si nos dejamos llevar por la agresividad y somos incapaces de controlar los impulsos, podemos herir a la otra persona con nuestras palabras. Recordemos que para hacer valer nuestro punto de vista no tenemos que menospreciar el ajeno.
3. Utilizar un lenguaje constructivo
Para transmitirle un mensaje poco agradable a otra persona, lo mejor es emplear un lenguaje constructivo. ¿Qué quiere decir esto? Saber escoger las palabras
adecuadas y ofrecer propuestas y soluciones en lugar de criticar o juzgar.
4. Cuidar la comunicación no verbal
La comunicación no verbal tiene un peso aún mayor que las palabras a la hora de emitir un mensaje. Así, aspectos como el tono de voz empleado, la postura corporal o el momento y lugar escogidos para comunicar una idea pueden marcar la diferencia. Es conveniente prestar atención a estos aspectos para
que el interlocutor no se sienta atacado o amenazado.




