Siglo XIX, Sociedad, Génesis y Progenie
San Fructuoso en 1890
En la década del 80 del siglo XIX, en el ámbito nacional imperaba el «militarismo» expresado a través del Presidente de facto, general Máximo Santos. Se refleja localmente también el régimen militarista con expresiones de autoritarismo, las restricciones de derechos, la justicia por mano propia, las levas, detenciones sin motivos, muertes y asesinatos. Son muestras de las características del poder despótico de las dictaduras del momento.
No obstante, por hechos circunstanciales la Villa San Fructuoso se encontraba en su faz económica, social y cultural, con un marco de progreso, prosperidad y pleno desarrollo. Inciden en tal evolución, los sensibles acontecimientos de carácter industrial que se procesan en la zona.
Para una población de 3.500 habitantes, las fuentes de ese movimiento inusitado están constituidas por las minas de oro de Cuñapirú, Corrales y Zapucay, en lo que era el anterior departamento de Tacuarembó (abarcando los actuales territorios de Tacuarembó y Rivera), lo que los cronistas de la época optaron denominar genéricamente «La Nueva California Sudamericana». La participación de compañías extranjeras permite el ingreso de técnicos, personal, maquinarias y elementos de explotación totalmente novedosos para el medio.
Se instalan diversas comunidades agrícolas, provenientes de distintos países europeos como ser Italia, Francia y aún del Brasil, contribuyendo todas al crecimiento comercial y agrario de la localidad y de todo el departamento.
Las estadísticas oficiales de la época indican que en el quinquenio finalizado en 1891 se establecieron en promedio noventa nuevos negocios por año en todo el departamento, lo que trajo consigo un cúmulo de adelantos en todos los ramos explotables, lo que se vio también reflejado en el ámbito inmobiliario tanto urbano como rural.
Mediante comentarios periodísticos de la época, se puede constatar en materia de construcciones un repunte importantísimo de la edificación, de una manera nunca vista hasta entonces.
En tal entorno, no se puede desconocer que la llegada del ferrocarril a Tacuarembó en 1891 influye notablemente el proceso relatado, marcando un fuerte acento en el rubro de las comunicaciones.
Todos estos adelantos provocan a su vez la preocupación de las personalidades sociales y políticas locales interesados por la prosperidad de la Villa, coadyuvando al desarrollo de la misma.
Existen dos diarios «El Heraldo» y «El Comercio», el primero oficialista y el otro de la oposición. Aparecen varias bandas de música, se realizan retretas en la plaza principal dos veces por semana. Trabajan dos consulados (italiano y francés), una Escuela Filantrópica de carácter privada respaldada por la Masonería y escuelas públicas para niños y niñas.
El pago se ve envuelto por la introducción de costumbres artísticas europeas, conociendo una época de esplendor en todos los niveles culturales.
El teatro. La donación del terreno
Los títulos del inmueble, la salida municipal y la escritura de donación otorgadas finalmente el 28 de noviembre de 1883, ofrecen datos precisos sobre el proceso de gestación de la idea del teatro y el respaldo del Gobierno Nacional del Presidente Brigadier Máximo Santos, a su vez compadre del Jefe Político Carlos Escayola. Se constata a su favor la donación del terreno situado en plaza 19 de abril. Transcribimos, textualmente el documento:
«En Montevideo, a catorce días del mes de noviembre de mil ochocientos ochenta y tres, el Poder Ejecutivo de la República representado en este acto por el Excelentísimo Señor Presidente Brigadier Don Máximo Santos y su excelencia el Sr. Ministro Secretario de Estado en el Departamento de Gobierno Doctor don Carlos de Castro, por ante mí el Escribano Auxiliar de Gobierno, dice: que por escritura que en 29 de abril de mil ochocientos treinta y nueve autorizó el Escribano sustituto del Gobierno y Hacienda don Juan P. González, en este mismo protocolo adquirió de Don Claudio José Dutra y compañía, el Rincón denominado de «Tía Ana», Departamento de Tacuarembó en el que existe la Villa de San Fructuoso y su Ejido que el Jefe Político del Departamento, Don Carlos Escayola, se presentó manifestando que varios propietarios, comerciantes y hacendados habían concebido la idea de construir un edificio para Teatro en la Villa de San Fructuoso, cotizándose por acciones y pidiendo que el Gobierno contribuya con el terreno necesario en que haya de levantarse el edificio, indicando uno de propiedad fiscal y la casa en él construida, situada en la Plaza «19 de Abril», compuesto de treinta y tres y un tercio varas de frente, por cincuenta varas de fondo, lindando por el Norte con Don Daniel Gómez de Freitas (hijo), y Don Fernando Catalina; por el Sud con dicha Plaza; por el Este con la Sucesión Nadal y por el Oeste con Doña Bernardina Tula, a lo que se accedió por la Resolución siguiente: «Ministerio de Gobierno. Montevideo, octubre 12 de 1883. Concedido bajo la condición de que la construcción del Teatro, tenga lugar dentro del plazo de dos años y para su debida escrituración pase a la Escribanía de Gobierno y Hacienda. = Santos Carlos de Castro =. Por tanto: llevando su Excelencia a efecto lo acordado por la presente Escritura Pública, hace donación a favor de Don Carlos Escayola del terreno y edificio de que se ha hecho mérito con el fin indicado y con la condición impuesta por la Resolución inserta, a cuyo fin se le expida copia auténtica. Presente Don Santiago Fernández en representación de Don Carlos Escayola, en virtud del poder que le confirió por escritura que en veintisiete de octubre último, autorizó el Escribano Don Juan P. Barboza, la copia de la cual tengo a la vista y lo faculta expresamente, hará este acto de que doy fé, e impuesto de esta Escritura a nombre de su representado, la aceptó en todas sus partes, quedando prevenido que la copia que le expida debe hacerla inscribir en el Registro de Ventas dentro de 10 días. En su testimonio así lo otorgan y firman en este Protocolo de Contrato de Gobierno con los testigos Don Juan A. Perelló y Don Pedro de Ávila Vieira: vecinos de que doy fé. Esta sigue a la Expropiación que con esta fecha otorga. Ramón Palomeque al Superior Gobierno al Folio doscientos ochenta y nueve y siguiente. Esta escritura se firmó el veintiocho del mismo mes y año. M. Santos =Carlos de Castro= Santiago Fernández= Tgo. Juan A. Perelló = Tgo. Pedro de Ávila Vieira = Manuel R. Alonso: Escribano Auxiliar de Gobierno».
Al tratarse de una escritura de donación modal, se establecía la condición de que el edificio del Teatro debía levantarse dentro del plazo de dos años. Por tanto el Coronel Escayola al no tener finalizada la obra, solicita una prórroga, la que es concedida el 19 de octubre de 1888 por un plazo de dos años.
Testimonio: «Pedro Castelli presentando voz y caución por el Coronel E. Escayola, solicita se den una prorroga a los años vencidos para la construcción del Teatro. En atención a lo aconsejado por el Fiscal se resuelve acceder una prórroga de dos años. Tajes = Julio Herrera y Obes. Montevideo, 19 de octubre de 1888».
Actualmente, el predio está registrado con el padrón 322 de la manzana 25 con frente a calle 25 de mayo al número 163.
Por tanto, en este período, el Jefe Político Carlos Escayola, promueve dentro de sus inquietudes en la gestión gubernamental, la idea para la construcción de un teatro en el centro de la localidad. Este hecho es emblemático, pues marca un camino trascendente en la cultura local y regional.
Tanto en Buenos Aires y Montevideo se levantan grandes edificios y es en Tacuarembó, donde este visionario construye el suyo y facilita la llegada a nuestra ciudad de trascendentes figuras nacionales e internacionales, incluso antes que al propio Teatro Solís de Montevideo.
Mientras sus colegas levantan edificios para cuarteles, regimientos, ayuntamientos, sedes de municipios, el Jefe Político de Tacuarembó (lo que es hoy un Intendente Departamental) construye un TEATRO, el cual desde mayo de 1891 se constituye en el edificio de mayor tamaño y el más importante de San Fructuoso por más de una década, ya que el cuartel del Regimiento Quinto se inaugura doce años después y el edificio municipal a los veinte años de esa fecha. Desde entonces, los principales actos públicos con desfiles patrios se efectúan frente a este edificio con gran entusiasmo y algarabía.





