Reparando en lo que sucede en los monopolios estatales, es notorio el desgaste temporal, la falta de provecho y progreso, llevado a
situaciones que el tiempo y el desinterés en dichas dependencias, conducen a pérdidas y costos que tienen que sufrir los trabajadores, los comerciantes
y empresas, principalmente los que viven y trabajan en el interior del país, donde es lamentable la cantidad comercios que han tenido que cerrar sus comercios, quedando una gran cantidad de personas sin trabajo
Ciertamente, el gobierno cumplió, en un inicio, con su función de defender el patrimonio nacional. Pero la creación del «ente autónomo» fue y es una catapulta para colocar allegados a los diversos grupos de poder.
Habiendo entes que sí deberían defender el patrimonio nacional, a fin de no ser rehenes de otros intereses. Pero no es posible que, bajo la etiqueta de
monopólicos, hagan y deshagan a «piacere», a costas de los usuarios, partiendo del problema de la falta de profesionalismo nacido de la repartija
política y su veta para cosechar votos o colocar «amigos».
De esta manera llegamos a las situaciones harto conocidas en ANCAP, UTE, OSE, AFE, solo ejemplos de malas gestiones, que siempre lo van a pagar, porque «total no es mío», la población en general.
Poco se sabe qué ocurre allí, dentro de enjuagues y jugarretas conocidas o presumidas. Su engendro, tuvo como finalidad crear fuentes de trabajo en
momentos de la postguerra. Pero, lo obtenido es un monstruo que todo lo engulle para sobrevivir, en lugar de invertir para mejorar la nación.
Es obvio que a esa carreta se subieron los sindicatos y las fuerzas populistas que aplauden vivir de «mamá Estado», sin rendir cuentas; quienes, a
la hora de los resultados, o no se acuerdan o desaparecen, y sumados a la ensalada de la verborragia, culpan a la oligarquía del causante de dichos males.
Esto hace que el ciudadano deba pagar todo más caro que en otros países, a veces excusados en que «cumplen un bien social», no se entiende qué se tira de la colcha, que es corta, destapando otro mal.
Hay que comprender que, si terceros, en la vida privada, pueden obtener beneficios en el mismo terreno que algún famoso «ente», evidencia que la falta está en que éste, no funciona como debiera.
¡Vaya si habrá historias al respecto … Vale decir, ¿no sería bueno que la eficiencia, rentabilidad y cumplimiento de la función también se aplicarán en
los «entes autónomos» ? ¿O estamos en una republiqueta aparte donde hicieron y dejaron las cosas como se les antoja dentro del país?
Si progreso es lo que queremos y esperamos, esas palabras que parecen malditas, tienen que ser reflotadas, para que el país funcione, protegiendo y cumpliendo sus objetivos.
Carlos Sarroca Solé CI 1790459-8




