La siesta es como un reinicio para tu cerebro, por lo que está repleta de beneficios. Te contamos los más importantes.
por María del Pilar Fernández *
Realmente existen muchos beneficios vinculados al hábito de tomar una siesta. Este «reinicio», como muchos lo llaman, no solo nos ayuda a recuperar horas de sueño, también puede ser una forma de refrescarse y recargar energías. Así que, si nunca antes has disfrutado de una buena siesta, aquí te explicamos por qué deberías integrarla en tu rutina.
Mejora nuestro rendimiento cognitivo
Para nadie es un secreto que el cerebro se recupera cuando dormimos. Durante esas horas en las que estamos «desconectados», las neuronas eliminan la información innecesaria y las toxinas que se crearon durante el día. Es gracias a esto que a la mañana siguiente nuestra mente está más activa y creativa.
Todos estos beneficios aparecen por lo general al dormir de noche, pero también podemos obtenerlos a través de la siesta.
Una siesta corta, de unos 20 minutos, permite que tu mente descanse sin entrar en las etapas más profundas del sueño. Así que, al despertamos, no sentimos el cuerpo pesado o la típica somnolencia. Por el contrario, estamos más alertas, lo que contribuye a que se activen otras funciones cognitivas como:
La memoria. Una siesta puede hacer que lo aprendido al principio del día sea más fácil de recordar, ya que las neuronas graban esa información durante el sueño.
Y la toma de decisiones. Una vez que procesamos un problema, somos capaces de visualizar diferentes escenarios a futuro para resolverlo. Es por eso que existe la famosa frase «déjame consultarlo con la almohada».
Reduce el estrés y cambia el estado de ánimo
Otro de los beneficios de la siesta está vinculado a la salud mental. El sueño en general ayuda a reducir el estrés y la ansiedad. Esto debido a que ciertas hormonas se activan al momento de dormir para que podamos relajar los músculos, profundizar las respiraciones y reducir la presión. De allí que las personas con insomnio sean más propensas a sufrir ataques de pánico o cambios de humor.
Investigadores aseguran que una siesta diaria de al menos 15 minutos hace que disminuya la presión arterial de quienes han sufrido mucha tensión psicológica durante la mañana. Principalmente porque metabolizamos adenosina, una sustancia que promueve el cansancio y el mal humor.
Por lo tanto, al dormir una siesta intermedia estamos reduciendo el corti-sol, la hormona del estrés, y a su vez mejorando nuestro estado de ánimo.
Aumenta nuestra resistencia física
La debilidad y la fatiga son signos de sueño inadecuado y agotamiento. Sin embargo, eso se puede corregir con una buena siesta.
Estudios demuestran que las personas se sienten físicamente más fuertes y motivadas para hacer ejercicio después de dormir al menos 20 minutos. Incluso la NASA probó los beneficios de las siestas en los astronautas, y descubrió que ayudaban a reducir ciertos problemas de salud.
Por ejemplo:
La obesidad, ya que reprime los antojos por carbohidratos azucarados o procesados.
O la aparición de enfermedades cardiovasculares, pues reduce el estrés y la presión arterial.
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