(porque las viví)
“¿Buen tiempo…?”
Cada día, mientras la maestra corrige los deberes (un problema. 10 o 15 cuentas, un ejercicio de lenguaje y una lectura), debemos poner la fecha y estado del tiempo (con pluma y tinta): “Fresco. Cielo sin nubes. Día bueno…” Yo no estoy de acuerdo: ya no recuerdo cuánto hace que no llueve; creo que desde el otoño, y dice mi padre: “Falló la lluvia en la luna llena de septiembre; la primavera va a ser mala, y el verano peor”.
Mi hermano aún no ha podido preparar las tierras para la siembra: dio unos surcos, y ni rastro de humedad. Menos mal que la cosecha del año pasado fue muy buena, y hay abundancia de maíz para gallinas y cerdos, y algún caballo (dice mamá que son más de 500 gallinas y 35 cerdos); hay abundancia de zapallos y boniatos para el consumo, y porotos para la venta.
La chacrita de avena, sembrada en febrero, está aguantando a duras penas; ponemos sólo a las lecheras, una media hora, de tardecita: somos 9 en la casa, y la leche es fundamental.
Se vienen las Vacaciones de Primavera, y creo que mis padres me mandarán pasarlas en lo de mi hermana mayor, la que se casó el 30 de enero y ya está esperando un hijo, para ayudarla un poco. Vive a legua y media de casa, en el Destacamento de Cuchilla de Laureles, porque su marido es policía.
Yo la extraño bastante, porque cuando nací ella tenía 12 años, y fue la que siempre me cuidó; hasta ese momento éramos 8 hermanos, y los mayores ayudaban a mamá con los más chicos, porque papá a veces tenía que ir a Rincón de Denis, en el Dpto. de Rivera, como a 8 leguas de casa, a camperear en un campo que Tata Viejo tenía allá; cuando yo cumplí un año falleció una de mis hermanas, de 9 años, y Tata Viejo el año pasado.
Pero esas son otras cosas, y las contaré en otro momento.
Jesús H. Duarte, maestro.




