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Historias que no me contaron

(porque las viví)

por avisador
mayo 13, 2022
in Opinion
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El repaso

     Como los días ya son más largos y hace calorcito, mamá cose adentro, en la máquina, de mañana, y de tarde hace las costuras de mano a la sombra de los paraísos, que están en plena floración. Hay perfumes por todas partes; la enramada de glicinas no da más de celeste y se siente el perfume de lejos; lo mismo las acacias blancas, que son mis preferidas. Sus flores parecen racimos de merengue, y ¡qué perfume!

     De noche no se prende el fabro, porque calienta mucho; sólo la lámpara de mecha para los deberes y la cena; mamá ya no teje ni hace crochet al lado del brasero. Como mi hermana y yo estudiamos y leemos en voz alta, y comentamos lo leído, ella –mamá- “mete su cuchara”, nos pregunta, corrige o agrega algo; nunca supe cómo sabe tanto, sin nunca haber ido a ninguna escuela.

     No sé por qué, pero me parece que la maestra está más nerviosa y apurada estos días; será porque hasta el recreo de las 10 estamos medio dormidos: rezonga, nos apura, va y viene, ni bien terminamos una tarea ya nos pone otra; todo escrito.

     El repaso general para las Pruebas no es tan fácil: hay cosas que aprendimos en abril y mayo que nos cuesta recordar ahora a mediados de noviembre, pero ella dice que si lo aprendimos, tenemos que saberlo. Además, tenemos otras cosas en la cabeza: los martes y jueves tenemos medio horario (de 10 y media a 12) de ensayo de canciones, danzas y comedias para la fiesta de clausura.

     ¡Eso sí que me gusta! Yo estoy en las 3 cosas. No me resultan difíciles, pero la maestra nos hace repetir varias veces lo mismo; dice que hasta durmiendo tenemos que saberlas, para no hacer fiasco en la fiesta. Pero también siento un poco de tristeza, porque los ensayos y las Pruebas significan que falta poco para que terminen las clases, aunque no del todo, 

porque mi hermana, que siempre está una clase más avanzada que yo, me enseña en las vacaciones todo lo que aprendió; las clases son a la hora de la siesta de los grandes, bajo las acacias. Para eso pedimos a la maestra, al terminar las clases, cuadernos, lápices, gomas, colores y útiles de geometría, porque el Consejo manda todo eso en abundancia; sobra de un año para el otro.

     Pah… ya son 5 y media: tengo que agarrar la yegua para traer las lecheras; salgo temprano porque soy muy maturrango y demoro mucho: entre que miro plantas, nidos de pájaros, flores silvestres, se me desparrama la tropa, los terneritos retozan y me resulta difícil juntarlos con sus madres; menos mal que por la seca ahora son pocas las lecheras, para el gasto diario de la casa, apenas. Este año mamá no pudo hacer quesos.

 

Jesús H. Duarte, maestro.

 

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