Alcanzar el Hambre Cero no es solo abordar el hambre, sino también nutrir a la población, mientras se cuida del planeta. Este año el Día Mundial de la Alimentación demanda acciones en distintos sectores para hacer que las dietas saludables y sostenibles sean asequibles y accesibles para todos. Al mismo tiempo reclama que todos empecemos a pensar en lo que comemos.
En las últimas dé cadas, hemos cambiado drásticamente nuestras dietas y hábitos alimentarios como resultado de la globalización, la urbanización y el aumento de los ingresos.
Hemos pasado de platos de temporada elaborados principalmente a base de plantas y ricos en fibra, a dietas hipercalóricas con un alto contenido de almidones refinados, azúcar, grasas, sal, alimentos elaborados, carne y otros productos de origen animal. Se dedica menos tiempo a preparar comidas en casa y los consumidores, sobre todo en las zonas urbanas, dependen cada vez más de supermercados, establecimientos de comida rápida, vendedores de alimentos en la vía pública y restaurantes de comida para llevar.
Una combinación de dietas poco saludables y estilos de vida sedentarios ha disparado las tasas de obesidad, no solo en los países desarrollados, sino también en los países de bajos ingresos, donde el hambre y la obesidad a menudo coexisten. Ahora, más de 672 millones de adultos y 124 millones de niñas y niños (de 5 a 19 años) son obesos, y más de 40 millones de niños menores de 5 años tienen sobrepeso, mientras que más de 820 millones de personas padecen hambre. La dieta poco saludable constituye el principal factor de riesgo de muerte por medio de las enfermedades no transmisibles (ENT), incluidas las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y ciertos tipos de cáncer.
Los hábitos alimenticios poco saludables, relacionados con una quinta parte de las muertes en todo el mundo, también están repercutiendo adversamente en los presupuestos sanitarios nacionales, con un coste de hasta 2 billones de USD al año.
La obesidad y otras formas de malnutrición afectan a casi una de cada tres personas. Las proyecciones indican que esta proporción en el año 2025 se convertirá en uno de cada dos. La buena noticia es que existen soluciones asequibles para reducir todas las formas de malnutrición, pero requieren un mayor compromiso y la toma de más medidas a escala mundial.
Hoy en día hay poco espacio para los alimentos frescos producidos localmente en en el modo de funcionamiento de nuestros sistemas alimentarios, desde la producción agrícola hasta el procesamiento y la venta al por menor, ya que los cultivos básicos como los cereales tienen prioridad. La producción de alimentos intensificada, combinada con el cambio climático, está causando una pérdida rápida de biodiversidad. Hoy en día, solo nueve especies de plantas representan el 66% de la producción total de cultivos, a pesar del hecho de que a lo largo de la historia, más de 6000 especies se han cultivado para obtener alimentos. Una variedad diversa de cultivos es crucial para proporcionar dietas saludables y salvaguardar el medio ambiente.
¿Qué es una dieta saludable?
Una dieta saludable es la que proporciona las necesidades nutricionales de los individuos ofreciendo alimentos suficientes, inocuos, nutritivos y diversos para llevar una vida activa y reducir el riesgo de contraer enfermedades. Incluye, entre otros, frutas, verduras, legumbres, nueces, semillas y granos integrales y alimentos con un bajo contenido de grasas (sobre todo grasas saturadas), azúcar y sal.
Los alimentos nutritivos que constituyen una dieta saludable no están disponibles ni son asequibles para muchas personas.





