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La breve y fulgurante carrera política de Gonzalo Aguirre

por avisador
abril 28, 2021
in Política
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La breve y fulgurante carrera política de Gonzalo Aguirre
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El exvicepresidente de la República, quien vivió su mejor hora durante la apertura democrática, murió hoy a los 81 años

Gonzalo Aguirre Ramírez, nacido el 25 de enero de 1940, llegó a la política uruguaya con naturalidad absoluta, pues provenía de una familia largamente privilegiada y dedicada a los asuntos públicos.

Una parte del nomenclátor montevideano evoca a sus ancestros.

Su abuelo, que actuó como un segundo padre, fue Juan Andrés Ramírez (1875-1963), un prestigioso abogado, periodista y director del diario El Plata y co-fundador del Partido Nacional Independiente, enemigo acérrimo del liderazgo de Luis Alberto de Herrera, o Herrerismo.

El periodista César di Candia recordó hace tres décadas que en los años ’60 “el ‘Oso’ Aguirre era una de esas figuras-referencia de los barrios, sin las cuales éstos parecen perder parte de su identidad. Soltero irredimible, dirigente perpetuo del Club Trouville, vocacional de largos trasnoches y
esquinas llenas de cuentos, memorioso infatigable de tangos y resultados maroñenses y recuerdos políticos, compañero de madrugadas solitarias por esas calles de Pocitos recostadas a la rambla”.

Efectivamente: era noctámbulo y le gustaban las copas —tomó demasiadas—, el básquetbol, las carreras de caballos y cantar tangos.

La madrugada del 16 de junio de 1984, a bordo del “valor de la carrera” que atravesaba el Río de la Plata entre Buenos Aires y Montevideo trayendo del exilio al caudillo blanco Wilson Ferreira Aldunate, se la pasó cantando tangos en una mesa del comedor, en compañía de otros políticos (así lo recuerda el autor de esta biografía, quien fue uno de los periodistas que participó de ese viaje tan lleno de pinceladas surrealista).

También fue un abogado erudito y meticuloso, cuando no embrollón, de extraordinario talento para la polémica y particularmente agresivo en los difíciles tiempos de dictadura: una de las primeras espadas del Partido Nacional. Años después, entre 1990 y 1995, sería vicepresidente de la República.

Tiempos de apertura

Se ganaba la vida como abogado y comenzó a hacer política activa en la lucha contra la dictadura impuesta en 1973. Fue secretario del Triunvirato clandestino que dirigió al Partido Nacional, que integraron Dardo Ortiz, Carlos Julio Pereyra y Mario Heber (luego Jorge Silveira Zabala). Debido a sus acciones políticas fue procesado por la Justicia militar.

A partir de 1980 se destacó como un escritor y polemista de mucho vuelo y belicosidad. Por entonces casi no hubo escaramuza política
con los militares que no lo tuviese en primera fila.

Acompañó largamente al prestigioso historiador Juan Pivel Devoto (incluso podía verse a ambos viajando en ómnibus urbanos pues no conducían coches), participó en negociaciones con los militares y fue uno de los líderes intelectuales del Movimiento Nacional de Rocha, que encabezaba Carlos Julio Pereyra.
Ingresó al Directorio del Partido Nacional a fines de 1982, integró la delegación de los blancos en las frustradas negociaciones con los militares en el
Parque Hotel y fue el redactor, junto a Enrique Tarigo, de la proclama que el actor Alberto Candeau leyó en el histórico acto del Obelisco, en Montevideo, el 27 de noviembre de 1983.

Tras el acuerdo del Club Naval de agosto de 1984, en el que el Partido Colorado, el Frente Amplio y la Unión Cívica pactaron el modo de apertura con los
militares, el Partido Nacional se vio forzado a participar de las elecciones nacionales sin su principal líder, Wilson Ferreira Aldunate, quien había sido apresado al regresar a Uruguay.

Después de muchas discusiones, el sector mayoritario de los blancos proclamó la fórmula Alberto Zumarán-Gonzalo Aguirre. Realizaron una campaña entusiasta, con una propuesta entre nacionalista de izquierda y populista, pero el 26 de noviembre fueron derrotados con amplitud por la fórmula Julio
Sanguinetti-Enrique Tarigo, del Partido Colorado, cuya moderación e idoneidad resultó más convincente.

Hacia el gobierno

Gonzalo Aguirre asumió como senador en febrero de 1985, cuando los militares abandonaban el poder. En diciembre de 1986 votó a favor de la Ley
de Caducidad (una especie de amnistía para militares y policías), de la que fue corredactor.

Esa ley provocó grandes desgarramientos entre los blancos. Aguirre estaba furioso. El Partido Nacional “es una gran emoción que pierde todas las
elecciones”, afirmó en enero de 1987; tiene “cuerpo de león y cabeza de burro”. Entonces rompió con el Movimiento de Rocha, que se oponía a la ley
de Caducidad, renunció a su puesto en el Directorio del Partido y creó su propio sector, Renovación y Victoria.

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