Juan Manuel Rodríguez (PN)
Uno de los principales problemas a los que se enfrenta cualquier democracia, radica en la diferencia que existe entre los tiempos políticos y los tiempos electorales.
Infelizmente muchas veces suelen primar los apuros, el ansia por ganar la próxima elección o por tratar de cumplir las promesas de campaña, frente al mantenimiento de las políticas acertadas que puedan venir de un gobierno anterior.
Uruguay no escapa a esa lógica. Y aunque es verdad que hemos tenido políticas de estado, que trascienden los periodos de gobierno, como ha sido por ejemplo la política forestal, el manejo de la inflación o el apoyo a planes como MEVIR o CAIF, (claro que siempre ocultando su origen, no vaya a ser que le reconozcamos una buena idea a alguien que no sea de nuestro partido), la regla general ha sido:“Gobierno nuevo, todo nuevo. Inclusive ahora que el gobierno cambió de personas pero no de partido”.
Así vimos como quedaron por el camino ideas que fueran presentadas con bombos y platillos por el gobierno anterior, como la explotación del hierro, el puerto de aguas profundas o el relanzamiento del ferrocarril. También los acuerdos inter-partidarios logrados en torno a temas como la seguridad o la enseñanza, fueron a engrosar el archivo de las buenas intenciones.
Hoy voy a reivindicar una de esas ideas, que comenzó siendo otra cosa en 2010, pero que gracias al trabajo mancomunado de todos los partidos, tomó la fuerza de una verdadera política de estado que no debimos abandonar. Me refiero al proceso de regionalización iniciado el periodo pasado a través de la negociación parlamentaria primero y luego por el accionar del Congreso de Intendentes y su relacionamiento con el Poder Ejecutivo a través de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto.
Fue la puesta en marcha de mecanismos que permiten una mayor coordinación entre los gobiernos departamentales y de éstos con el gobierno nacional, en busca de optimizar el uso de los recursos, tanto económicos como humanos y técnicos, en el combate a las problemáticas que nos son comunes. Se creó así en el año 2012, entre otras, la Regional Norte, compuesta por los departamentos de Artigas, Salto, Paysandú, Cerro Largo, Rivera y Tacuarembó.
El Acta constitutiva subraya que “la Región Norte se caracteriza como una unidad geográfica y productiva capaz de dar respuestas a problemáticas comunes en áreas de clara competencia departamental, como la relativa a infraestructura vial, su caminería, y la prestación de los servicios de mantenimientos y niveles operativos conexos, así como su articulación y gestión para administrar la realidad económica, social, cultural y educativa”.
De hecho se adelantó mucho en el estudio de mecanismos que permiten la compra y el uso conjunto de maquinaria vial y también en la búsqueda de alternativas para lograr una solución común al destino final de los residuos domiciliarios, con el menor impacto posible sobre el medio ambiente.
Lamento mucho que el gobierno actual, con una visión mucho más centralizadora, dejara por el camino todo este proceso y volviera al relacionamiento directo con cada departamento por separado. Creo que así hemos perdido fuerza y capacidad de desarrollo para esta región norte, que sigue siendo postergada y sigue soportando los mayores índices de pobreza del país.



