Prestando atención a las noticias de los medios, se ofrecen hechos que, hace cierto tiempo fueron considerados como un llamado de atención referido a las denominadas «noticias policiales».
Es indudable que, en los años transcurridos, agregados al deterioro social, intelectual, el narcotráfico, facilidades a las drogas, entre otros muchos, han
auxiliado a todo tipo de desmadres, más agresivos y cruentos. Esto ha autorizado, por alto índice de delitos, el tiempo de que, –noticias del horror- ocupen buena parte de los programas.
No sé si considerarlas telenovelas o una escuelita del crimen, por el encare que se dan a las atrocidades y descripciones pormenorizadas, ejemplos de
cómo delinquir.
No comprendo que haya que divulgarlos, ya que agregado el cinismo que queda en el aire, con la imagen del pobre ser que lamentablemente degolló a la viejita o mató a quien estaba en su camino, o al grito del secuaz que le dice «mátalo» Donde asoma, sobrevolando el ambiente, el sustrato del pobre sujeto, resultado de la sociedad culpable, base del comportamiento, en lugar de interpretarlo un -a s e s i n o-. ¿No será de aquello de «te digo una cosa, después te digo la otra» se apoderó de buena parte de los uruguayos debemos ver a chorros, asesino y violadores como una versión uruguaya de Robin Hood? ¡Pobrecitos los chorros y asesinos!
¿En qué quedó la sociedad que trabaja y se rompe por un peso? Y, ¡cuidado! Cómo tratan al delincuente: allí es donde aparece la prensa amarilla
que, con tal de hacer el peso es capaz de cualquier cosa y no entiende que un informe, un lápiz, puede ser más dañino que una bala, para los conocidos aprovechadores, técnicos en la tergiversación. Saliendo a relucir los derechos humanos… siempre y cuando no sea un problema en su alrededor. Eso
se llama cinismo. Un hábito que busca adeptos y que tiene un tufo bien claro, en grupos que defienden lo indefendible, dónde, el trabajo, no es la norma,
ni el valor de la gente.
La catarsis de estas consideraciones, que pueden ser consideradas hasta «abominables», es bien seguro que, en el fuero íntimo, domina en la mayoría
de los pobladores –laburantes- de la patria de Artigas.
Pero el «no te metás», «Perdés credibilidad», «Qué dirán los de tal o cual tugurio radical», o, «te van a escrachar». Y la lista puede ser enorme porque lo que falta es lo que se llama HONESTIDAD y ser coherentes con uno mismo y a su vez acompañar a los que trabajan. ¿Seguimos en la misma o vamos a ser mejores personas? ¿O dejamos que manden los malvivientes y sus aprovechadores? Y, volviendo al tema que nos convoca: ¿no sería bueno bajarle revoluciones a la escuelita y poner menos énfasis y enseñanzas al chorro? Defendiendo y no estigmatizando a quienes se arriesgan por el pueblo a fin de que se pueda caminar sin miedo, ni que te arrebaten o…te mate el pobrecito… Pensemos un poco, defendamos la libertad y la vida, seamos honestos y no nos mintamos.
Carlos Sarroca Solé CI 1790459-8




