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WhatsApp y sus rivales: ¿hay alguna app verdaderamente segura?

por avisador
enero 26, 2021
in Otras noticias
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WhatsApp y sus rivales: ¿hay alguna app verdaderamente segura?
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Los cambios en las políticas de privacidad de la app trajeron controversia. ¿Qué significan y cuáles son las alternativas?

Si hasta hace unas semanas usted no era usuario de Telegram, probablemente en el último tiempo haya descargado la aplicación. Por curiosidad, porque supo de su existencia y le pareció una buena alternativa para intercambiar mensajes con los suyos, porque le dijeron que era lo mejor.

Si por el contrario, usted sí era usuario de esta aplicación, habrá visto que notificaciones del estilo «tío Juan se unió a Telegram» emergieron como cascada en la pantalla de su teléfono celular. Y si usted no pertenece a ninguna de estas dos categorías, al menos habrá escuchado el nombre de esa aplicación rusa. Ah, si usted usa
WhatsApp, casi por seguro haya visto un cartel al que le dio «aceptar» solo porque le bloqueaba la pantalla. Después supo que al parecer no era tan buena idea haber dado el sí. Usted no está solo. Los usuarios de internet pocas veces leemos los términos y condiciones de privacidad. Y esta vez, además, Facebook nos tomó por sorpresa: sin previo aviso nos soltó el cartel en el que anunciaba cambios en la app de mensajería WhatsApp
a partir del 8 de febrero y la condición de aceptar para seguir utilizando la aplicación.

Las transformaciones, en términos generales, refieren a cómo se procesan y utilizan los datos que los usuarios riegan en la aplicación. Uno de los puntos más polémicos fue el que menciona integraciones entre WhatsApp, Instagram y todos los productos que ofrece Facebook.

Sin embargo, ha ocurrido una de esas pocas veces en las que este tipo de permisos genera una alarma tan generalizada y extendida al punto de alterar las decisiones de una empresa como Facebook. Se postergaron los cambios hasta mayo y la compañía trató de mitigar los daños que causó cuando vio que todos se descargaban Telegram. Pero las preguntas que rondan ahora son: ¿Qué pasa normalmente con nuestros datos cuando utilizamos estas y otras aplicaciones? ¿Telegram es más segura? ¿Y Signal? ¿Ya nadie
más usará WhatsApp entonces tengo que migrar para no quedar por fuera? Para aclarar estas dudas (o intentarlo), en Revista Domingo consultamos a tres expertos que dieron su visión de los hechos.

LA ALARMA

Lo que despertó la inseguridad en los usuarios de WhatsApp fue la forma en la que se comunicaron los cambios. «Intimidante», dice Irina Sternik, periodista argentina que sigue y analiza todas las novedades tecnológicas. «Los usuarios entraron en pánico».

La viralización de mensajes falsos sumado a la falta de lectura real a los términos y condiciones más los titulares que alertaban «WhatsApp intercambiará datos con Facebook» no ayudaron a calmar las especulaciones.
«El planteo fue, ‘si no se aceptan esas reglas, no se puede usar el servicio’», responde Hugo Köncke, experto en seguridad informática en DATASEC. Pero los cambios en sí, sostiene, tienen que ver más con poner en «blanco y negro cosas que seguramente vienen sucediendo desde hace mucho tiempo».

Si esto ya sucedía, ¿por qué ponerlo en el ojo del huracán?

En esto, el experto explica que deben estar en juego compromisos formales de la compañía de Mark Zuckerberg con otras empresas que consumen sus servicios, «con presencia en Facebook y WhatsApp, que buscan integrar las actividades en una y otra plataforma; por tanto, se hace necesario explicitar como se van a manejar los datos en general».

En un hilo de Twitter bastante esclarecedor y de fácil lectura, el abogado argentino Jorge Luis Litvin, especializado en cibercriminalidad y autor de Hackeados, escribió: «Yo uso Signal cuando quiero intercambiar información, imágenes o audios que quiero resguardar. Prefiero Telegram para grupos académicos o del ámbito laboral y para mis amistades continúo usando WhatsApp. ¿Significa que eso es lo que está bien? No, es personal».

Consultado para la nota, Litvin respondió que a su parecer la alarma social es sí consecuencia de «la falta de lectura de las políticas de privacidad y la liviandad para compartir, dar por cierto y reenviar cadenas
e hilos en los que se confundieron los conceptos privacidad de datos y confidencialidad de diálogos. Como consecuencia de ellos, las personas pensaron —equivocadamente— que los mensajes, fotos y videos que envían
y reciben a través de sus chats son leídos por WhatsApp. El pánico y la consecuente migración
masiva son producto del fenómeno de la desinformación y su viralización».

¿QUÉ PASA CON LOS DATOS?

Entonces aparece una nueva interrogante y es qué hace la gran compañía estadounidense con nuestros datos. Y en este punto hay una palabra a la que prestar especial atención: «cifrado», porque es una que se lee bastante en los mensajes viralizados.

«WhatsApp fue construido sobre una idea simple: que lo que compartís con tus amigos y tu familia queda entre ustedes.

Esto significa que siempre protegeremos tus conversaciones personales con cifrado de extremo a extremo, para que ni WhatsApp ni Facebook puedan ver esos mensajes privados. Por eso no mantenemos registros de
con quién te mensajeás o llamás. Tampoco podemos conocer tu ubicación compartida y no compartimos los contactos con Facebook», comunicaron desde la empresa. ¿Qué significa? ¿Esto cambiará?
«Pensemos en la época en la que enviábamos correspondencia tradicional a través del servicio de correo», propone Litvin. «Escribíamos nuestra carta, la cerrábamos y la llevábamos hasta las oficinas que se encargarían de entregarlo.

No sabíamos cuántas personas tomaban contacto con nuestra carta, pero si sabíamos que llegaba hasta el destinatario cerrada. El cifrado nos promete lo mismo, nadie leerá el contenido de nuestros mensajes desde
que sale hasta que llega a destino».

Esto quiere decir que sí, que un mensaje cifrado solo puede ser leído por los extremos del que envía y el que recibe, así sea foto, video, texto, audio, documento.

Sternik añade que esto es algo que muchas veces complica a nivel de instituciones judiciales o policiales, que necesitan acceder para determinadas investigaciones: «No se puede tener acceso a menos que tengas una
terminal disponible».

Lo que sí se recopilan son los metadatos alrededor de esos mensajes «o información accesoria
relativa al uso del servicio. Buena parte de esa información en realidad es necesaria para el funcionamiento del servicio; por ejemplo, si WhatsApp no ‘supiera’ dónde estamos, no podría permitirnos compartir ubicación», dice Köncke.

El informático no es muy optimista respecto del cifrado porque considera que no todo es tan trasparente y, por ende, no se puede analizar realmente la programación de los códigos de WhatsApp.

En otras palabras: No se puede «determinar con certeza que las cosas funcionan como dicen. Se
supone que sí, que es de esa forma, pero Facebook es una empresa que ya ha dado muestras más que suficientes de falsedad en sus afirmaciones, por lo que da lugar a dudar de sus afirmaciones».

Entre los metadatos que mencionan los especialistas están los hábitos de uso, la frecuencia de
comunicación entre usuarios, contactos, sitios físicos en los que se está, características de conexión, modelo del celular y sistema operativo, el número de teléfono, la dirección IP, fechas de uso, la información de descripción que configuramos (foto de perfil y actualizaciones de estado), detalles de grupos.

«En países adonde WhatsApp Business permite la opción de pago, también accederá al dato de compras a través del mensajero. Creo que esa es la finalidad de todo esto, unificar sus plataformas para hacer un gran
sistema de pago en el que sea simple ver un comercio en Instagram y pagar desde WhatsApp», añade
Sternik.

Litvin retoma sus analogías esclarecedoras: «Para ilustrarlo pensemos en WhatsApp como el hermano de Facebook e Instagram. Los tres son hijos de la misma corporación y viven en el mismo hogar, con lo cual, lo
que uno de los tres ‘se entera’ se lo cuenta a los demás». Solo que antes WhatsApp pedía permiso
para compartir esa información, ahora es una obligación. Es eso o dejar de usar la aplicación.

El abogado opina que frases como «mejorar la experiencia del usuario» son solo para motivarnos.
Si usted dio «aceptar» a estas nuevas políticas, no notará los cambios inmediatamente. Pero, aclara el informático
Köncke, Facebook dejó leer entrelíneas que en un futuro puede aparecer publicidad de terceros en WhatsApp.

«Haciendo una lectura adecuada de esto deberíamos ser conscientes que en más o menos tiempo, se empezará a tener publicidad en WhatsApp, del mismo modo que ya se tiene en Instagram o en Facebook».

¿SOMOS MERCANCÍA?

Una frase que ha sonado y se ha leído bastante en estas semanas es que «si el producto es gratis, el producto eres tú». Es decir que la libre utilización de aplicaciones como Instagram, Facebook, Twitter, WhatsApp, etcétera no es mera amabilidad de un grupo de empresarios.

El abogado Litvin responde que «el producto ya no somos nosotros, sino nuestros datos. Nosotros somos el vehículo para alcanzarlos». Y con esa información que vamos dejando desperdigada por las redes, ellos van creando un perfilamiento digital que después se asocia con qué tipo de anuncios nos pueden captar la atención. El dinero (millones) viene de las empresas que pagan por esa publicidad tan efectiva. «Cual francotirador nos muestran exactamente lo que estamos buscando y lo saben por nuestra inter-acción previa». Así funcionan, en parte, los famosos algoritmos que han protagonizado hasta un documental (El dilema de las redes sociales) en 2020.

«El problema radica en el registro (permanente o por un cierto plazo) de estos datos y en que sean compartidos con terceros (que obviamente van a pagar por ellos), alimentando un gigantesco repositorio que será tratado
con diversos fines, por parte de diferentes actores y durante el tiempo que mejor les convenga», sostiene Köncke. Estos datos también pueden utilizarse para entender la inclinación de preferencias políticas, algo que en 2019 pasado quedó expuesto en el documental de Netflix Nada es privado, que develaba el funcionamiento de la consultora británica Cambridge Analytica.

Cuenta Köncke que incluso dentro del conglomerado de empresas que maneja Facebook, hay una dedicada a la venta de todo lo que surge a partir de los datos. «A través de estos, es posible hacer seguimiento sobre
grupos que pueden ser tan extensos o específicos como se desee, pudiendo llegar inclusive a ser de un individuo. Es frecuente la contratación de este tipo de servicios para el seguimiento de la actividad online de personalidades destacadas, políticos, estrellas deportivas y del espectáculo. Esto en definitiva implica que
cualquier persona o grupo de personas que por algún motivo el seguimiento de su actividad online represente un interés suficientemente grande para alguien dispuesto a pagar por esa información, podría estar siendo monitoreado a través de este tipo de servicios». Para el informático sí, el producto somos nosotros.

LAS ALTERNATIVAS, ¿SON SEGURAS?

Cuando nos descargamos Signal o Telegram, ¿leímos los términos y condiciones? ¿Son aplicaciones efectivamente más seguras? Veamos.

Estas dos aplicaciones ofrecen mensajes encriptados, como WhatsApp, pero con otros sistemas. Es decir que los mensajes no serán leídos por otros que estén por fuera de la conversación.

Telegram almacena la información en la nube, Signal solo guarda la última hora de conexión. El tema, de nuevo, recae en que WhatsApp comparte los metadatos con Instagram y Facebook.

Para acceder a Signal solo damos el número de teléfono; en Telegram, brindamos eso, información de contactos y una identificación del usuario.

«¿Es esto lo que quieren decir los analistas bursátiles cuando dicen que el mercado está dando señales mixtas?», escribieron, para luego añadir: «Es comprensible que la gente quiera invertir en el crecimiento récord de
Signal, pero no somos nosotros».

«Vale la pena aclarar que Signal es la empresa creadora del mecanismo de encriptación que usa
WhatsApp. En este sentido, Telegram no da las mismas garantías, si bien dispone de una facilidad
de mensaje encriptado; en su caso, es necesario que el usuario indique que desea enviar un mensaje
encriptado a un cierto destinatario, cada vez que pretende proteger la comunicación», aclara Köncke.

En cuanto a funcionalidades, Litvin lo resume de esta manera: «Telegram es la más nutrida en capacidad de
personalización y usos que se le pueden dar, WhatsApp es sin duda en la que más contactos vamos a encontrar, mientras que Signal sacrifica algunas funcionalidades en pos de la seguridad».

Hay algo que nadie puede negar: el susto masivo de WhatsApp nos dejó a todos más preocupados con algo que antes preferíamos ignorar. Sin embargo, Irina Sternik no cree que esto sea suficiente para abandonar la
plataforma. «Es difícil cambiar los usos y costumbres de toda una población a la vez pero es un gran primer paso. Lo cierto es que no es la primera vez que los usuarios deciden pasarse a Telegram, por ejemplo, como consecuencia de alguna política de seguridad relacionada con Facebook o WhatsApp, pero no prospera. Creo que en este caso servirá para que se empiece a desdoblar el uso y no pase todo por WhatsApp. Algunos grupos migrarán enteros a Telegram, que también es una gran fuente de acceso a grupos de noticias o diferentes bots con servicios. El tiempo dirá el resto», reflexiona la periodista Sternik.

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Los usuarios de internet pocas veces leemos los términos y condiciones de privacidad. Y esta vez, además, Facebook nos tomó por sorpresa: sin previo aviso nos soltó el cartel en el que anunciaba cambios en la app de mensajería WhatsApp a partir del 8 de febrero y la condición de aceptar para seguir utilizando la aplicación. Las transformaciones, en términos generales, refieren a cómo se procesan y utilizan los datos que los usuarios riegan en la aplicación. Uno de los puntos más polémicos fue el que menciona integraciones entre WhatsApp, Instagram y todos los productos que ofrece Facebook. Sin embargo, ha ocurrido una de esas pocas veces en las que este tipo de permisos genera una alarma tan generalizada y extendida al punto de alterar las decisiones de una empresa como Facebook. Se postergaron los cambios hasta mayo y la compañía trató de mitigar los daños que causó cuando vio que todos se descargaban Telegram. Pero las preguntas que rondan ahora son: ¿Qué pasa normalmente con nuestros datos cuando utilizamos estas y otras aplicaciones? ¿Telegram es más segura? ¿Y Signal? ¿Ya nadie más usará WhatsApp entonces tengo que migrar para no quedar por fuera? Para aclarar estas dudas (o intentarlo), en Revista Domingo consultamos a tres expertos que dieron su visión de los hechos. LA ALARMA Lo que despertó la inseguridad en los usuarios de WhatsApp fue la forma en la que se comunicaron los cambios. «Intimidante», dice Irina Sternik, periodista argentina que sigue y analiza todas las novedades tecnológicas. «Los usuarios entraron en pánico». La viralización de mensajes falsos sumado a la falta de lectura real a los términos y condiciones más los titulares que alertaban «WhatsApp intercambiará datos con Facebook» no ayudaron a calmar las especulaciones. «El planteo fue, ‘si no se aceptan esas reglas, no se puede usar el servicio’», responde Hugo Köncke, experto en seguridad informática en DATASEC. Pero los cambios en sí, sostiene, tienen que ver más con poner en «blanco y negro cosas que seguramente vienen sucediendo desde hace mucho tiempo». Si esto ya sucedía, ¿por qué ponerlo en el ojo del huracán? En esto, el experto explica que deben estar en juego compromisos formales de la compañía de Mark Zuckerberg con otras empresas que consumen sus servicios, «con presencia en Facebook y WhatsApp, que buscan integrar las actividades en una y otra plataforma; por tanto, se hace necesario explicitar como se van a manejar los datos en general». En un hilo de Twitter bastante esclarecedor y de fácil lectura, el abogado argentino Jorge Luis Litvin, especializado en cibercriminalidad y autor de Hackeados, escribió: «Yo uso Signal cuando quiero intercambiar información, imágenes o audios que quiero resguardar. Prefiero Telegram para grupos académicos o del ámbito laboral y para mis amistades continúo usando WhatsApp. ¿Significa que eso es lo que está bien? No, es personal». Consultado para la nota, Litvin respondió que a su parecer la alarma social es sí consecuencia de «la falta de lectura de las políticas de privacidad y la liviandad para compartir, dar por cierto y reenviar cadenas e hilos en los que se confundieron los conceptos privacidad de datos y confidencialidad de diálogos. Como consecuencia de ellos, las personas pensaron —equivocadamente— que los mensajes, fotos y videos que envían y reciben a través de sus chats son leídos por WhatsApp. El pánico y la consecuente migración masiva son producto del fenómeno de la desinformación y su viralización». ¿QUÉ PASA CON LOS DATOS? Entonces aparece una nueva interrogante y es qué hace la gran compañía estadounidense con nuestros datos. Y en este punto hay una palabra a la que prestar especial atención: «cifrado», porque es una que se lee bastante en los mensajes viralizados. «WhatsApp fue construido sobre una idea simple: que lo que compartís con tus amigos y tu familia queda entre ustedes. Esto significa que siempre protegeremos tus conversaciones personales con cifrado de extremo a extremo, para que ni WhatsApp ni Facebook puedan ver esos mensajes privados. Por eso no mantenemos registros de con quién te mensajeás o llamás. Tampoco podemos conocer tu ubicación compartida y no compartimos los contactos con Facebook», comunicaron desde la empresa. ¿Qué significa? ¿Esto cambiará? «Pensemos en la época en la que enviábamos correspondencia tradicional a través del servicio de correo», propone Litvin. «Escribíamos nuestra carta, la cerrábamos y la llevábamos hasta las oficinas que se encargarían de entregarlo. No sabíamos cuántas personas tomaban contacto con nuestra carta, pero si sabíamos que llegaba hasta el destinatario cerrada. El cifrado nos promete lo mismo, nadie leerá el contenido de nuestros mensajes desde que sale hasta que llega a destino». Esto quiere decir que sí, que un mensaje cifrado solo puede ser leído por los extremos del que envía y el que recibe, así sea foto, video, texto, audio, documento. Sternik añade que esto es algo que muchas veces complica a nivel de instituciones judiciales o policiales, que necesitan acceder para determinadas investigaciones: «No se puede tener acceso a menos que tengas una terminal disponible». Lo que sí se recopilan son los metadatos alrededor de esos mensajes «o información accesoria relativa al uso del servicio. Buena parte de esa información en realidad es necesaria para el funcionamiento del servicio; por ejemplo, si WhatsApp no ‘supiera’ dónde estamos, no podría permitirnos compartir ubicación», dice Köncke. El informático no es muy optimista respecto del cifrado porque considera que no todo es tan trasparente y, por ende, no se puede analizar realmente la programación de los códigos de WhatsApp. En otras palabras: No se puede «determinar con certeza que las cosas funcionan como dicen. Se supone que sí, que es de esa forma, pero Facebook es una empresa que ya ha dado muestras más que suficientes de falsedad en sus afirmaciones, por lo que da lugar a dudar de sus afirmaciones». Entre los metadatos que mencionan los especialistas están los hábitos de uso, la frecuencia de comunicación entre usuarios, contactos, sitios físicos en los que se está, características de conexión, modelo del celular y sistema operativo, el número de teléfono, la dirección IP, fechas de uso, la información de descripción que configuramos (foto de perfil y actualizaciones de estado), detalles de grupos. «En países adonde WhatsApp Business permite la opción de pago, también accederá al dato de compras a través del mensajero. Creo que esa es la finalidad de todo esto, unificar sus plataformas para hacer un gran sistema de pago en el que sea simple ver un comercio en Instagram y pagar desde WhatsApp», añade Sternik. Litvin retoma sus analogías esclarecedoras: «Para ilustrarlo pensemos en WhatsApp como el hermano de Facebook e Instagram. Los tres son hijos de la misma corporación y viven en el mismo hogar, con lo cual, lo que uno de los tres ‘se entera’ se lo cuenta a los demás». Solo que antes WhatsApp pedía permiso para compartir esa información, ahora es una obligación. Es eso o dejar de usar la aplicación. El abogado opina que frases como «mejorar la experiencia del usuario» son solo para motivarnos. Si usted dio «aceptar» a estas nuevas políticas, no notará los cambios inmediatamente. Pero, aclara el informático Köncke, Facebook dejó leer entrelíneas que en un futuro puede aparecer publicidad de terceros en WhatsApp. «Haciendo una lectura adecuada de esto deberíamos ser conscientes que en más o menos tiempo, se empezará a tener publicidad en WhatsApp, del mismo modo que ya se tiene en Instagram o en Facebook». ¿SOMOS MERCANCÍA? Una frase que ha sonado y se ha leído bastante en estas semanas es que «si el producto es gratis, el producto eres tú». Es decir que la libre utilización de aplicaciones como Instagram, Facebook, Twitter, WhatsApp, etcétera no es mera amabilidad de un grupo de empresarios. El abogado Litvin responde que «el producto ya no somos nosotros, sino nuestros datos. Nosotros somos el vehículo para alcanzarlos». Y con esa información que vamos dejando desperdigada por las redes, ellos van creando un perfilamiento digital que después se asocia con qué tipo de anuncios nos pueden captar la atención. El dinero (millones) viene de las empresas que pagan por esa publicidad tan efectiva. «Cual francotirador nos muestran exactamente lo que estamos buscando y lo saben por nuestra inter-acción previa». Así funcionan, en parte, los famosos algoritmos que han protagonizado hasta un documental (El dilema de las redes sociales) en 2020. «El problema radica en el registro (permanente o por un cierto plazo) de estos datos y en que sean compartidos con terceros (que obviamente van a pagar por ellos), alimentando un gigantesco repositorio que será tratado con diversos fines, por parte de diferentes actores y durante el tiempo que mejor les convenga», sostiene Köncke. Estos datos también pueden utilizarse para entender la inclinación de preferencias políticas, algo que en 2019 pasado quedó expuesto en el documental de Netflix Nada es privado, que develaba el funcionamiento de la consultora británica Cambridge Analytica. Cuenta Köncke que incluso dentro del conglomerado de empresas que maneja Facebook, hay una dedicada a la venta de todo lo que surge a partir de los datos. «A través de estos, es posible hacer seguimiento sobre grupos que pueden ser tan extensos o específicos como se desee, pudiendo llegar inclusive a ser de un individuo. Es frecuente la contratación de este tipo de servicios para el seguimiento de la actividad online de personalidades destacadas, políticos, estrellas deportivas y del espectáculo. Esto en definitiva implica que cualquier persona o grupo de personas que por algún motivo el seguimiento de su actividad online represente un interés suficientemente grande para alguien dispuesto a pagar por esa información, podría estar siendo monitoreado a través de este tipo de servicios». Para el informático sí, el producto somos nosotros. LAS ALTERNATIVAS, ¿SON SEGURAS? Cuando nos descargamos Signal o Telegram, ¿leímos los términos y condiciones? ¿Son aplicaciones efectivamente más seguras? Veamos. Estas dos aplicaciones ofrecen mensajes encriptados, como WhatsApp, pero con otros sistemas. Es decir que los mensajes no serán leídos por otros que estén por fuera de la conversación. Telegram almacena la información en la nube, Signal solo guarda la última hora de conexión. El tema, de nuevo, recae en que WhatsApp comparte los metadatos con Instagram y Facebook. Para acceder a Signal solo damos el número de teléfono; en Telegram, brindamos eso, información de contactos y una identificación del usuario. «¿Es esto lo que quieren decir los analistas bursátiles cuando dicen que el mercado está dando señales mixtas?», escribieron, para luego añadir: «Es comprensible que la gente quiera invertir en el crecimiento récord de Signal, pero no somos nosotros». «Vale la pena aclarar que Signal es la empresa creadora del mecanismo de encriptación que usa WhatsApp. En este sentido, Telegram no da las mismas garantías, si bien dispone de una facilidad de mensaje encriptado; en su caso, es necesario que el usuario indique que desea enviar un mensaje encriptado a un cierto destinatario, cada vez que pretende proteger la comunicación», aclara Köncke. En cuanto a funcionalidades, Litvin lo resume de esta manera: «Telegram es la más nutrida en capacidad de personalización y usos que se le pueden dar, WhatsApp es sin duda en la que más contactos vamos a encontrar, mientras que Signal sacrifica algunas funcionalidades en pos de la seguridad». Hay algo que nadie puede negar: el susto masivo de WhatsApp nos dejó a todos más preocupados con algo que antes preferíamos ignorar. Sin embargo, Irina Sternik no cree que esto sea suficiente para abandonar la plataforma. «Es difícil cambiar los usos y costumbres de toda una población a la vez pero es un gran primer paso. Lo cierto es que no es la primera vez que los usuarios deciden pasarse a Telegram, por ejemplo, como consecuencia de alguna política de seguridad relacionada con Facebook o WhatsApp, pero no prospera. Creo que en este caso servirá para que se empiece a desdoblar el uso y no pase todo por WhatsApp. Algunos grupos migrarán enteros a Telegram, que también es una gran fuente de acceso a grupos de noticias o diferentes bots con servicios. El tiempo dirá el resto», reflexiona la periodista Sternik.
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